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Kenny Rogers - The gambler


On a warm summer’s evenin’,
on a train bound for nowhere,
I met up with the gambler;
we were both too tired to sleep,
so we took turns a starin’
out the window at the darkness,
’til boredom overtook us,
and he began to speak.

He said, son, I’ve made a life
out of readin’ people’s faces,
and knowin’ what their cards were
by the way they held their eyes.
So if you don’t mind my sayin’,
I can see you’re out of aces,
for a taste of your whiskey
I’ll give you some advice.

So I handed him my bottle
and he drank down my last swallow,
then he bummed a cigarette
and asked me for a light.
And the night got deathly quiet,
and his face lost all expression.
Said, if you’re gonna play the game, boy,
ya gotta learn to play it right.

You got to know when to hold ’em,
know when to fold ’em,
know when to walk away,
and know when to run.
You never count your money
when you’re sittin’ at the table,
there’ll be time enough for countin’
when the dealin’s done.

Now ev’ry gambler knows
that the secret to survivin’
is knowin’ what to throw away
and knowing what to keep.
’Cause ev’ry hand’s a winner
and ev’ry hand’s a loser,
and the best that you can hope for
is to die in your sleep.

So when he’d finished speakin’,
he turned back towards the window,
crushed out his cigarette
and faded off to sleep.
And somewhere in the darkness,
the gambler, he broke even,
but in his final words I found
an ace that I could keep.

You got to know when to hold ’em,
know when to fold ’em,
know when to walk away,
and know when to run.
You never count your money
when you’re sittin’ at the table,
there’ll be time enough for countin’
when the dealin’s done.

You got to know when to hold ’em,
know when to fold ’em,
know when to walk away,
and know when to run.
You never count your money
when you’re sittin’ at the table,
there’ll be time enough for countin’
when the dealin’s done.

You got to know when to hold ’em...


En una cálida tarde de verano,
en un tren con destino a ninguna parte,
me encontré con el jugador;
ambos estábamos demasiado cansados para dormir,
así que miramos fíjamente
fuera de la ventana a la oscuridad,
hasta que el aburrimiento nos alcanzó,
y él comenzó a hablar.

Él dijo, hijo, yo he hecho una vida
leyendo las caras de la gente,
y sabiendo qué cartas llevaban
fijándome en sus ojos.
Así que si te da igual lo que digo,
puedo ver que no tienes ases,
por un trago de tu whisky
te daré algún consejo.

Entonces le pasé mi botella
y se bebió mi último trago,
luego me cogió un cigarrillo
y me pidió fuego.
Y la noche se quedó mortalmente tranquila,
y su cara perdió toda expresión.
Dijo, si vas a jugar al juego, muchacho,
tienes que aprender a jugarlo bien.

Tienes que saber cuándo aguantar,
saber cuándo plegarte,
saber cuándo largarte,
y saber cuándo correr.
Nunca cuentes tu dinero
cuando estás sentado en la mesa,
habrá tiempo de sobra para contar
cuando se termine la partida.

Ahora cada jugador sabe
que el secreto para sobrevivir
es saber qué carta arrojar
y saber cuál conservar.
Porque cada mano tiene un ganador
y cada mano tiene un perdedor,
y lo mejor que puedes esperar
es morir mientras duermes.

Cuando él terminó de hablar
se giró hacia la ventana,
aplastó su cigarrillo
y se dispuso a dormir.
Y en alguna parte en la oscuridad,
el jugador, ni ganó ni perdió,
pero en sus palabras finales encontré
un as que podría guardar.

Tienes que saber cuándo aguantar,
saber cuándo plegarte,
saber cuándo largarte,
y saber cuándo correr.
Nunca cuentes tu dinero
cuando estás sentado en la mesa,
habrá tiempo de sobra para contar
cuando se termine la partida.

Tienes que saber cuándo aguantar,
saber cuándo plegarte,
saber cuándo largarte,
y saber cuándo correr.
Nunca cuentes tu dinero
cuando estás sentado en la mesa,
habrá tiempo de sobra para contar
cuando se termine la partida.

Tienes que saber cuándo aguantar...