Tres consejos
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Una pareja de recién casados era muy pobre, y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día, el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa: Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llegó y se ofreció para trabajar y fue aceptado. Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente: Estando ambos de acuerdo, aquel joven trabajó durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso. Después de veinte años, se acercó a su patrón y le dijo: El patrón le respondió: El hombre pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo: El patrón le recordó: Y el empleado respondió: El patrón entonces le aconsejó: Después de darle los consejos, el patrón le dijo al hombre: El hombre tomó su camino de vuelta a su casa, a la que había dejado hacía veinte años, y donde estaba su esposa a la que él tanto amaba. Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludó y le preguntó: Él le respondió: La persona le dijo: El hombre, contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo. Entonces se volvió y continuó por el camino normal. Días después, supo que el atajo llevaba a una emboscada. Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera, donde poder hospedarse. Pagó la tarifa por día y, después de tomar un baño, se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado con un grito aterrador. Se levantó de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir a donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le preguntó si había escuchado el grito, y él le contestó que sí lo había escuchado. El dueño de la posada le preguntó: Él le contestó: A lo que el dueño le respondió: El hombre siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles salir humo de la chimenea de su pequeña casa. Caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenía sobre su regazo a un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuró sus pasos, cuando recordó el tercer consejo. Entonces se paró, reflexionó y decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión. Al amanecer, ya con la cabeza fría, él dijo: Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abrió la puerta y lo reconoció, se colgó de su cuello y lo abrazó afectuosamente. Él trató de quitársela de encima, pero no lo consiguió. Entonces, con lágrimas en los ojos le dijo: Ella espantada le respondió: Él entonces le preguntó: Y ella le contestó: Entonces, el marido entró, conoció y abrazó a su hijo, y les contó toda su historia, mientras su esposa preparaba la cena. Luego se sentaron a comer el último pan juntos. Después de la oración de agradecimiento, con lágrimas de emoción, el hombre partió el pan, y al abrirlo, encontró el dinero de sus veinte años de trabajo. |