Quebrada XXI
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Jugó con el crucigrama. Inventó versos, acaudaló poemas, invirtió melodías en el pentagrama. Avanzó con el lunfardo y con algún ritual de lenguaje olvidado. Declamó soledades con olor a tango, salpicó de zambas su noche. Se sentó a la orilla del propio cauce, a esperar con el atavío de la desolación algún pasaje que suspenda tanta incomprensión. El lecho pedregoso le devolvió una imagen cristalina. No alcanzó a verla...
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