Quebrada XVII
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Vive serenamente caminando sus orillas, madrugadas sin desiertos, sin montañas... ¿sin fracasos? Una ardua tristeza solitaria la guía. Siente el cuerpo vencido... golpes de fatiga... los brazos enlutados, inertes, avanzan sin llantos. Arría una mueca ligera que semeja sonrisa, y el tiempo, en lugar de curtir las heridas las lacera día a día. Esconde en el cofre de los sueños el dolor que la inunda. Por fuera siempre alegría, nadie sabe que está hecha trizas.
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