Quebrada XI

Siempre había creído en él, por eso, cuando supo de sus engaños, de ese recorrer caminos paralelos, de la máscara diaria con la que envolvía su imagen en un amor mentiroso, perdió la confianza. Ya no podía hablar a mano abierta. Se sintió huérfana de sentimientos, sin la vuelta a sus afectos. Derrumbe desde dentro... su cuerpo estaba lleno de escombros. Cómo podría tener una palabra de aliento sin la duda, cómo podría seguir el mismo sendero, cada frase despertaba recuerdos y enlaces con hechos pasados. Arrinconaba en cada letra su agonía.

Estaba sola dependiendo de su propia decisión. Nada podría hacer que retome la confianza. Estaba sola, sola en ella, sola en los huecos vacíos de la almohada, sin perfumes de azahares, sin sonidos. su ser estaba roto en esa ruptura incontenible que deja el desaliento.

Así, en silencio, sus ojos se fueron diluyendo en un horizonte sin reflejos... rota sigue como zombi pensando si ya ha muerto.


Elisabet Cincotta
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