Quebrada IV
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El día la despierta para iniciar la travesía, la acompañan fantasmas indecentes que le intentan poner una sonrisa. Lloroso mediodía en su cocina limpia, sin carcajadas de alegría, sin el vino, sin comida. ¿Dónde estás? -se pregunta- ¿por qué la vida desgarrante nos dejó sin compañía? Imágenes lúgubres pasean por la casa. Es la rutina. Ella se pierde entre pañuelos, pinturas y sábanas limpias. Al anochecer, el espejo le devuelve un rostro mentiroso. Marca de rojo sus labios, perfuma su cuerpo, sale a la calle, sonrisa insistente se pinta. Llena sus pulmones con la brisa y avanza tras el trago que le hará olvidar su angustiante día.
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