Armonía

Parece difícil en estos tiempos decir "mantén el buen humor", y sin embargo, es parte de lo que debemos lograr para estar en armonía.

Observemos por un instante a las personas en un transporte público, en la calle, en la oficina, o simplemente en nuestro hogar... ¿A cuántas vemos de buen humor? Seguramente la respuesta será: muy pocas, o ninguna.

Qué triste, ¿no?

Si los seres humanos comprendiéramos que la alegría es parte de la magia de la vida, que sólo con alegría se llega de una manera distinta e inolvidable al corazón de los demás, y que la alegría sana, cura, cambia...

En cambio, parece que estar enojado, triste, agresivo o quejándonos todo el tiempo está mejor, y si supiéramos que toda esa energía disparada por doquier nos produce malestar, sensación de incertidumbre, temor, miedo, y hasta logra muchas veces que enfermemos y en el menor de los casos padecer pequeños malestares como dolor de cabeza, indigestiones y hasta que no podamos conciliar el sueño...

Todos estamos buscando la alegría fuera de nosotros, pero no es ahí en donde podemos encontrarla. La alegría está en nosotros, y somos los únicos que podemos estimularla y hacer que salga, que aparezca.

Parece que hoy nos cuesta sonreír o estar alegres porque sí, porque se nos ocurre, o porque nos decidimos a vivir de una manera diferente a los demás.

Se han perdido tanto la alegría y el buen humor, que cuando nos ven sonreír demasiado, hasta nuestro entorno suele preguntar ¿qué le pasó? ¿qué le sucedió..?

Se ven a diario en los trabajos caras serias, estructuradas, preocupadas, corriendo sin parar... y si alguno ríe lo juzgan que no trabaja y no como que ese ser es feliz...

Llegamos a casa y sucede algo parecido, primero miramos la cara de todos y si los vemos relajados reímos y si no, nos adaptamos a las circunstancias... Vamos a una reunión y sucede lo mismo, si ríen, nosotros reímos, si no ríen, nos sentamos y ponemos la cara que mejor se adapte...

¡Y qué grave error cometemos!

Si sentimos alegría tenemos que saber que es bueno, que atrae cosas buenas a nuestra vida y que llevamos con ella cosas buenas a los demás también. Además, esa alegría que nace de un corazón alegre, de un saber mirar la vida del lado positivo, tiene un valor incalculable...

Debemos dejar que la alegría fluya de nosotros, e imaginar que somos como bengalas... En un cielo muy oscuro podemos iluminar, y si cada día somos más, esa luz irá creciendo, y poco a poco podremos hacer desaparecer toda esa carga negativa y nefasta que día a día nos aplasta...

¡Intentemos llevar alegría a los que nos rodean, y esa alegría se verá multiplicada en nuestras vidas!


Graciela Heger