El deseo de toda mujer

Y sí, hay que aceptar con dignidad y resignación, que los varones escasean.

El que no está casado, es solterón, insoportable, separado, deprimido, divorciado, rencoroso, o gay sin asumir. Y no es que ya no haya más señores, es que las mujeres cada vez, estamos más exigentes.

Antes nos conformábamos con conseguir marido. Ahora, es más difícil, ¡pretendemos encontrar un hombre!

Hay que reconocer que nuestras pretensiones respecto del Príncipe Azul, tienen algunos dejos de "Gataflorismo".

Porque nosotras queremos:
-Que esté en casa, pero no todo el día.
-Que sea pulcro y limpio, pero no obsesivo por el orden y la limpieza.
-Que sea cariñoso, pero no cargoso.
-Que durmamos juntos, pero no todos los días.
-Que sea seductor, pero no mujeriego.
-Que tenga buena posición económica, pero que no trabaje todo el día.
-Que sea buen amante, para cuando una tenga ganas.
-Que respete a la familia, pero que no le de tanta bola a su vieja.
-Que sea abierto y espontáneo, pero que controle sus flatulencias.
-Que sea romántico, pero que no se pase.
-Que no sea tacaño, pero tampoco derrochador.
-Que no sea celoso, pero tampoco indiferente.
-Que sea protector, pero que no esté tan pendiente.
-Que se conmueva, pero que no llore.
-Que sea duro, pero flexible.
-Que tenga auto, pero que no lo cuide tanto.
-Que sea sociable, ¡pero nunca los amigos primero que una!

Por eso, la recomendación pesa en "la cama afuera", a la hora de elegir una nueva pareja.

Todas sabemos que: "El Príncipe Azul... destiñe en el primer lavado". Que los más caballeros te protegen de todo, menos de sí mismos. Que Caperucita Roja siempre fue más viva que el lobo.

Y que la convivencia es como en los cuentos: tarde o temprano... la bella princesa se convierte en bruja, y el príncipe azul... en sapo.


Por Gabriela Acher