Para esos padres de hijos especiales
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Dicen que en este año más de cien mil mujeres serán madres de niños con desarrollo limitado. Me he preguntado ¿cómo son escogidas estas mamás? y como respuesta me he imaginado a Dios mirando la tierra desde el cielo. Conforme el Señor observa a las mamás, da instrucciones a un ángel, su secretario, quien anota en una gran libreta. Cuando Dios mira a una mujer con cualidades especiales, sonríe y ordena:
Un hijo anormal, no; un hijo especial Hacer el reclamo a la clínica, y solicitar un cambio por garantía. Exigir que nos entreguen otra niña que sea normal, que no tenga defectos físicos. Renegar de Dios y culparlo de la mala suerte de haber tenido una hija así, cuando a muchas otras parejas les ha dado hijos normales. Luego, a la primera oportunidad, la llevamos a un internado, la matriculamos allí y nos olvidamos de su existencia. Mientras tanto, cuando vengan visitas a la casa, buscaremos la manera de ocultarla. Si nos preguntan, sacaremos alguna excusa. Diremos que fue por culpa de la droga o de un mal tratamiento ordenado por el médico durante el embarazo. Aceptarla con resignación cristiana, y darle todo el cariño que más podamos. Tomarla como un ángel que se disfrazó de esa manera para poner a prueba nuestra fe, nuestra paciencia y nuestro amor, ya que éste deberá ser de sacrificio, de entrega total, sin esperar nada a cambio. Decir que amamos a un hijo cuando es normal, cuando es buen estudiante, cuando todos lo quieren, y que nos hace sentir orgullosos por su inteligencia o su belleza, puede que sea verdad, pero es mucho más meritorio cuando se afirma lo mismo de un hijo anormal o discapacitado. Hay quienes piensan que no tienen hijos anormales, pero pueden estar equivocados: ese hijo vicioso, esa hija por el camino de la prostitución, ese hijo ladrón, esa hija que no quiere estudiar, ese hijo que está en la cárcel y esa hija mal casada, también es especial y necesita de nuestro amor sin límites ni condiciones. Renegar de Dios y de nuestra suerte, como si un hijo fuese una lotería que por suerte se gana o se pierde, no modifica y no soluciona nada. ¿Qué hacer entonces? La visión de las cosas cambia según el ángulo desde el cual se miren. Imagina que tu hijo está a punto de nacer. Lo esperas con cariño. Llega el ansiado momento, y los más allegados quieren conocerlo. Cuando lo miras, descubres que es drogadicto, madre soltera, homosexual.... pero es tu bebé. En este caso, tienes varias alternativas: Decirle a tu hijo que cambie, que no lo quieres así. Sácale en cara el tiempo y el dinero que has invertido en su formación. Dile que esperas recibir más a cambio de eso; que entienda que así no lo deseas. Blasfemar, llenar tu corazón de rencor, dejar que se pierda en el lodo de la ciudad y olvidarte de su existencia. Aceptarlo tal como es, pues posiblemente es un espíritu que viene a compensar algo de su propio pasado en este cuerpo deforme, o es un medio para ayudarte a crecer en amor, caridad y humildad. |