Hijo mío

Hijo mío, hoy quiero decirte que mi vida no ha sido una escalera de cristal; todo lo contrario. Al recorrerla, he conseguido escalones falsos, partes sin baranda y hasta tramos donde no hay peldaños. Sé que tu vida, hijo mío, por más que yo desee lo mejor para ti, no será una escalera de cristal y sólo puedo decirte que, cuando te consigas un escalón flojo o inestable, yo estaré allí para estabilizarte y equilibrar tus penas, que cuando consigas tramos que no tengan barandas, mi mano estará allí para sostenerte y así puedas sentir seguridad, y que cuando no hayan tramos que te permitan avanzar, si es necesario, yo te serviré de puente para que puedas continuar, y cuando ya no pueda estar a tu lado y necesites de mí, cierra tus ojos, aférrate a nuestros momentos más maravillosos y avanza, no dejes de subir, porque al final de esa escalera yo te estaré esperando.

Hijo mío, sé que tu vida no será una escalera de cristal, pero recuerda que nuestro amor y el lazo que nos une es tan hermoso, puro y transparente como el cristal, y a la vez fuerte y duradero como el acero.