Perdemos la juventud

Perdemos la juventud el día que dejamos de ser rebeldes, el día que comenzamos a comprender y a disculpar el sistema, el día que nos volvemos obedientes y sumisos ante los que tienen el poder.

Perdemos la juventud el día que dejamos de soñar con el paraíso en la tierra, el día que empezamos a burlarnos de los que siguen soñando, el día que se nos despierta el sentido totalmente práctico, entramos en el juego y aceptamos todas las reglas.

Perdemos la juventud el día que nos levantamos dispuestos a vendernos al mejor postor o al mejor impostor, el día que entre nuestros principales valores colocamos las pertenencias y dejamos de lado los afectos.

Perdemos la juventud el día que perdemos el orgullo, el día que sólo vivimos de los recuerdos, que sólo pensamos que todo tiempo pasado fue mejor, el día que nos negamos a aceptar los cambios, las ideas de los jóvenes, la tecnología, el progreso.

Perdemos la juventud el día que apostamos a un seguro ganador y no arriesgamos nada por una causa que puede parecer perdida.

Perdemos la juventud el día que el mundo deja definitivamente de ser mágico.

La vida sólo puede entenderse mirando hacia atrás, pero sólo se puede vivir mirando hacia adelante.