Los viejos en otoño

Soy la poeta de los niños, y quiero deciros, que también soy la poeta de los viejos.

Porque los viejos, los ancianos, los mayores, sufren más que los niños, sobre todo los viejos sin familia (teniendo familia), los ancianos sin casa, (teniendo casa); me voy a referir a los viejos que viven en "Residencias de ancianos", -antes se decía asilos-, a mí me parecen "garajes para viejos", donde los aparcan, o Inclusa de viejos donde los abandonan.

Allí están, Residencias de Ancianos, no les falta casi nada, pero les falta casi todo, les falta lo esencial: "amor, compañía y amigos".

Tienen higiene, tienen médicos, tienen comida, no pasan ni frío ni calor. Ni calor, ahora lo he dicho, no tienen el calor que da el cariño de la familia. Y, no sólo de pan vive el hombre, y sobre todo no sólo de pan vive el anciano. Esto que he escrito es sobre los ancianos, pero no para ellos (¡ojalá no me escuchen!). No quiero hacerles llorar ni siquiera de alegría.

Solamente quiero haceros reflexionar y tocaros un poquito el corazón a los que aún no sois viejos.

Los niños son niños que no saben nada. Los viejos son niños que saben que se van a morir.

Andan como niños, un leve tambaleo, mendigando un cigarro, una galleta, una frase, una sonrisa, un beso. Los viejos. Yo les he visto, viven como fantasmas, lentos pasos de niños, viven mucho (pero mueren antes los que tienen insomnio y no tienen cariño).

Tienen achaques, goteras, recuerdos... arrugas, (nunca se miran en el espejo), huérfanos de todo, abandonados en la inclusa de los ancianos. "Este dolor es del tiempo", dice el doctor, "del tiempo que hace que he nacido", digo yo. "¡Qué coño de otoño!", me dijo un interno, "en el otoño caemos como hojas, como moscas caemos, cuando menudean las visitas, cuando cambia el tiempo".

¡Qué dolor en los huesos! El médico, -en rutina- les viene a visitar. Padecen: Bronquitis, reuma, (yo digo que padecen soledad).

Negro final. Blanca sien. Un solo verbo usan: Esperar, esperar...

-¿Qué? ¿Cómo está usted?

-Aquí, esperando... (No me dijeron a quién...).

Yo les he visto. En la Residencia de Ancianos. Viven mucho. Algunos no tienen más que años. Algunos nunca tuvieron nada. Algunos tiene hijos casados -en buena posición-. Otros tienen un cáncer calladito, la mayoría padece locura senil. Y guardan estampitas de la Virgen.

Allí están, solos y aún vivos, solamente esperando. Viven mucho. Valen tan poco que ni la muerte les quiere... Yo sí les quiero.


Gloria Fuertes