El joven

No me preguntes cuántos años tengo... Pregúntame cuántas cartas mandé y cuántas recibí.

No me preguntes si todavía soy joven, o si soy viejo... Lo que importa, es si soy un hervidero de sueños, si no cargo con el fardo de la esperanza muerta.

No me preguntes cuántos años tengo... sino, cuántos besos dí... ¡besos de amor!

Si la juventud en mí todavía es una fiesta, si aprovecho todo a cada instante, y si bebo de la taza de la vida gota a gota... ¡Entonces poco me importa cuántas gotas quedan!

No me preguntes cuántos años tengo... Pregúntame si tuve hijos, si supe educarlos, qué obras hice. Pregúntame por mis amigos... y si fui capaz de hacer feliz a alguien.

No me preguntes cuántos años tengo, sino... pregúntame qué libros leí, por dónde anduve, qué hice... pregúntame qué historias me acontecieron, cuántos versos escribí, cuántos leí, cuántos canté.

Así, solamente así, por muy blancos que estén mis cabellos, por muchas arrugas que surquen mi rostro, podrás llamarme: "¡el joven!".

Y quienes me vean pasar no sabrán de hecho mi edad, pero tendrán la certeza de que... ¡viví!


José Sacramento