Cántico de un anciano

Benditos los que me miran con simpatía,
benditos los que me acompañan en mi lento caminar,
benditos aquéllos que hablan fuerte para disimular mi sordera,
benditos los que aprietan fuerte mis manos temblorosas,
benditos los que se interesan por mi lejana juventud,
benditos los que no se aburren al escuchar mis discursos tantas veces repetidos.

Benditos los que comprenden mi necesidad de afecto,
benditos los que me dan una partecita de su tiempo,
benditos los que se acuerdan de mi soledad,
benditos los que me acompañan cuando sufro,
benditos los que me alegran los últimos días de mi vida,
benditos los que estén al lado mío en el momento de mi muerte.

Cuando esté en el Cielo, los recordaré a todos ellos delante del Señor.