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"Cuando un dedo señala una estrella, sólo los tontos miran el dedo."
Quizás la Estrella fue visible en toda la región, pero muchos no levantaron la vista y no la vieron.
Quizás muchos vieron la estrella, pero no la siguieron.
Quizás algunos la vieron y la siguieron, pero les faltó constancia y desistieron.
Los Reyes Magos, en cambio, vieron la Estrella, se pusieron en camino, se enfrentaron a la soledad del desierto y llegaron hasta
el final.
La Estrella se les ocultó por algún tiempo, en la noche oscura del alma. Pero ellos no cesaron en su empeño, y la Estrella les condujo hasta Belén. El premio fue maravilloso; se encontraron con Dios.
Fue una dura prueba, pero el Señor les iluminó: entraron y le adoraron.
Creyeron y abrieron los tesoros de su generosidad; oro como a Rey, incienso como a Dios y mirra como a hombre. Le entregaron todo.
Creyeron que aquel infante era el Mesías. Descubrieron en aquel niño desvalido al Salvador. Superaron las pobres apariencias, algo que pocos saben hacer.
Algunos no recibieron a Cristo porque esperaban un intrépido salvador y vino un bebé. Porque es sabido que en la humildad está Dios.
Herodes les había rogado con mala intención que volvieran a él, "pero ellos volvieron a su tierra por otro camino."
Fulttón Sheen aclara: "Nadie que alguna vez se encuentra con Cristo, volverá por el mismo camino por el que llegó."
La lección de los Reyes Magos es válida siempre; nos enseña cómo debemos mirar la Estrella, con intrepidez para seguirla y constancia para llegar hasta el fin.
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