Para descargar el midi 'I'm on my way - The Proclaimers' en tu PC,
botón derecho del ratón y elige 'Guardar destino como'

El merecimiento

Existe un mundo de felicidad... ¡Y ése es el que nos merecemos!

¿Cuántas veces hemos sentido que no nos merecemos ser admirados, ser amados, recibir un regalo, aceptar una invitación, que nos den una condecoración o aún, que nos tomen en serio? También, ¿cuántas veces hemos sentido que la persona con quien compartimos nuestra vida no se merece nuestra atención, nuestros cuidados, el fruto de nuestro trabajo, nuestro cariño, nuestro cuerpo?

Este es uno de los más serios, graves y difundidos problemas de nuestra sociedad hoy en día. Ha sido la razón de la ruptura de muchas relaciones y lo seguirá siendo hasta que no cambiemos nuestra actitud respecto al merecimiento. Es una realidad aceptada por todos (hace unos años ni siquiera se podría haber pensado esto) que hemos nacido para ser felices, que nuestro destino es vivir, y vida es sinónimo de disfrute, de goce, de realizaciones, de paz y especialmente de amor.

Amar es dar sin esperar nada a cambio (¿?), pero también, y posiblemente de más importancia, es saber recibir. La igualdad de los sexos, el espacio ganado por unos y otros, el equilibrio laboral, la democracia total, nos han llevado a suponer que quienes antes tenían unas obligaciones y unos derechos, hoy no los tienen y que por el contrario, que quienes no los tenían, hoy sí los tienen. Esto es total y absolutamente falso, pues la realidad es que todos tienen los mismos derechos y los mismos deberes, y en una relación de pareja, la situación no tiene por qué ser diferente.

La otra premisa errónea es que queremos medir con nuestros propios parámetros sin detenernos a analizar, a pensar en las motivaciones de nuestra compañera o compañero y estamos considerando que permanentemente hay desigualdades. La verdad es muy distinta: en una relación de pareja no funcionan las ecuaciones matemáticas y es por eso que no podemos decir que si hoy A es igual a B, siempre lo seguirá siendo. Me explico, si en el pasado, culturalmente considerábamos que era obligación del hombre proveer la vivienda, los alimentos, etc. y de la mujer, además de procrear, la educación de los hijos, el mantenimiento del hogar, etc. entonces, hoy estas responsabilidades deberían seguir siendo las mismas.

Con la llegada de la igualdad, todas las responsabilidades también llegaron a ser compartidas (y quién sabe si en un futuro la procreación también), y las funciones dentro de la pareja hoy se asignan de acuerdo con las habilidades de cada cual y con su disponibilidad de tiempo según se desprenda del rol que jueguen en la sociedad. La carga económica hoy ya no es de exclusiva responsabilidad del hombre (en muchos casos es de total cuidado de la mujer), lo mismo que el cuidado de los hijos y del hogar no lo es exclusivamente de la mujer.

Por todo esto, tampoco es imperativo que debamos corresponder a cualquier tipo de manifestación de respeto, admiración o cariño, de la especie que sea, con otra igual o superior, es decir, si recibimos un presente, un comentario amable, no necesariamente debemos devolver algo similar, por el contrario, debemos entender que para quien nos lo está dando, es una maravillosa posibilidad de desarrollar su sentimiento hacia nosotros y para nosotros un excelente alimento para nuestra autoestima.

De igual manera, también funciona para cuando nosotros damos o queremos hacerlo, pues tenemos que entender que somos nosotros quienes lo estamos haciendo, que es nuestro deseo y nuestra intención y que no podemos ni debemos esperar nada a cambio. Que el mero hecho de dar y de que nos lo reciban ya es una finalidad en sí misma.

Es por eso que el título que le he puesto a estas reflexiones es “El merecimiento”, con lo que enfatizo mi convencimiento de que realmente sí nos merecemos lo que nos llega, lo que nos dan, lo que recibimos de los demás y que por el hecho de sentirnos agradecidos, no tenemos que devolver las atenciones, y lo que es más importante: por ningún motivo sentir ningún atisbo de culpabilidad.

Si quien nos da, lo hace porque nos ama, nos aprecia, nos admira o nos quiere, o simplemente nos desea dar, ya eso es suficiente motivo para él o ella, y suficiente motivo para nosotros, también. Y eso es todo lo que debemos sentir.

No quiero decir que el mal agradecimiento es un sentimiento correcto, no. Primero los sentimientos son sólo eso, sentimientos, y por lo tanto no son ni buenos ni malos, y en este caso creo que deberíamos sentirnos muy agradecidos. Pero tampoco digo que no podamos sentirnos bien con respecto a recibir, pues debemos sentirnos merecidos y además, debemos permitirnos sentir que podemos ser amables, es decir, que tenemos la posibilidad de ser amados y responder a quienes nos dan ese amor con amabilidad.

Desechemos de una vez por todas, ese pensamiento atávico de que vinimos al mundo a sufrir, a evolucionar o a pagar las culpas de otros antes que nosotros, pues aquí vinimos solamente a vivir y este es un mundo de felicidad… y esa felicidad es lo que de verdad nos merecemos.

De ahora en adelante seamos “unos merecidos”…

Carlos Bernardo Restrepo
Medellín - Colombia

Inicio Atrás Escríbeme Libro de visitas