Crisis y oportunidad

Las crisis muchas veces se pueden pronosticar, presagiar y vaticinar, pero la idea que me interesa es que también se las puede provocar.

¿Por qué este interés de provocar crisis?: Porque las crisis crean el contexto y la oportunidad, a veces único, donde aprender algo nuevo o transformarse en algo mejor. La crisis nos arranca de la zona de seguridad de nuestra vida y nos lanza más allá de nuestros propios límites y limitaciones. Es como en la naturaleza, todo parece quieto y estable por un tiempo hasta que de pronto estallan las presiones de cambio y crecimiento acumuladas. Las crisálidas estallan, los pimpollos estallan, los volcanes estallan, las olas estallan, los huevos estallan, la tierra estalla, las tormentas estallan... los conflictos estallan, las emociones estallan, el cuerpo estalla... y una nueva instancia aparece, una nueva vida ocurre, o un nuevo equilibrio se establece. A veces la crisis, el caos, es la única oportunidad de estallar y convertirnos en la clase de persona que deseamos ser. La crisis, dejada a su merced, suele ser un evento explosivo e imprevisible, un corte, una separación. Bajo nuestro dominio personal podría ser un proceso, un estado de decisión. En este caso la crisis es un arte, el arte de provocar y desplegar las crisis en el tiempo para poder asimilarlas, entrar en un estado de permanente aprendizaje, y así llevarnos fluidamente hacia el futuro.

Estamos inexorablemente disparados hacia el futuro, hacia allí vamos queramos o no darnos cuenta, así que nos conviene disfrutar del viaje y no resistirnos. En caso contrario, las crisis estallan sin previo aviso lanzándonos brutalmente hacia adelante en procesos de aceleraciones y desaceleraciones convulsivas tremendamente riesgosas y de resultados inciertos.