Te amo

Te amo. Te amo de una manera inexplicable, de una forma inconfesable, de un modo contradictorio.

Te amo, con mis estados de ánimo que son muchos, y cambian de humor continuamente. Por lo que ya sabes, el tiempo, la vida, la muerte.

Te amo, con el mundo que no entiendo, con la gente que no comprende, con la ambivalencia de mi alma, con la incoherencia de mis actos, con la fatalidad del destino, con la conspiración del deseo, con la ambigüedad de los hechos.

Aún cuando te digo que no te amo, te amo. Hasta cuando te engaño, no te engaño. En el fondo, llevo a cabo un plan, para amarte... mejor. Pues, aunque no lo creas, mi piel extraña enormemente la ausencia de tu piel.

Te amo. Sin reflexionar, inconscientemente, irresponsablemente, espontáneamente, involuntariamente, por instinto, por impulso, irracionalmente.

En efecto, no tengo argumentos lógicos, ni siquiera improvisados, para fundamentar este amor que siento por ti, que surgió misteriosamente de la nada, que no ha resuelto mágicamente nada, y que milagrosamente, de a poco, con poco y nada, ha mejorado lo peor de mí.

Te amo. Te amo con un cuerpo que no piensa, con un corazón que no razona, con una cabeza que no coordina.

Te amo incomprensiblemente. Sin preguntarme por qué, te amo. Sin importarme por qué, te amo. Sin cuestionarme por qué, te amo.

Te amo, sencillamente porque te amo. Yo mismo no sé por qué te amo.


Gian Franco Pagliaro