La casa

Llegó el momento de partir el hogar en dos.

Bien, comencemos por los rincones donde las arañas tejieron también su historia. Hablemos de los muros y sus cuadros. ¿Cuál eliges? ¿El del día de la boda, el retrato de la niña o el de vacaciones en verano?

Quiero el antiguo bodegón para recordar las comidas familiares.

Mira la casa: permanece ahí de pie, pero sin alma. ¿Con cuál alcoba deseas quedarte? ¿Aquélla donde los gemidos alguna vez fueron música perfecta? ¿O el cuarto azul donde echó raíces la cuna para siempre? ¿O el jardín donde todavía se columpian las sonrisas?

Te regalo los espejos saturados de susurros, ecos familiares, desfigurados rostros que hoy se desangran en reproches. Deseo la terraza, esa roja plataforma de minúsculos ladrillos donde lluvias y palomas encontraron su refugio, donde todavía transpiran las estrellas y no hay sombra que oculte los engaños.

Pero tienes razón: tal vez aquí ya nada nos retenga. A la frontera tal vez llegamos entre el amor que vacila y las cenizas. Viéndolo bien, no puedo partir en dos la casa: te la regalo... con todo y promesas de futuros.

Como cortinas viejas te regalo lo que queda: este sombrío cielo y este desvencijado viento que dejaste al cerrar la puerta principal.


Lina Zerón, del libro "Vino rojo", La Habana, febrero 2003