Emotiva historia

Estaba esa mañana tremendamente ocupada, cuando el teléfono sonó.

"¿Hola?" Silencio... "¡Hola!..." Nada... Bueno, alguien que equivocó el número y además es tímido para reconocerlo...

A los pocos minutos nuevamente, y entonces se oyó una suave voz masculina que en un laborioso castellano decía "¿puedo hablar con la señora de Sosa?..."

"Sí, con ella habla, ¿quién es?"

Nuevamente el silencio, aunque una cantidad de voces se escuchaban como telón de fondo. Luego nuevamente, "Mmm, soy Roberto, de Londres..."

Roberto... ¿de Londres? Me parecía algo familiar, pero como incompleto este nombre...

"¿Me podría explicar mejor, por favor?"

Entonces otra voz bien argentina contestó. "Hay aquí en Ezeiza un señor que dice llamarse Roberto 47, no sé, no le entiendo, pero se refiere a algo de Internet..."

"Ah, Roby47, pero claro... Por favor, pásemelo al teléfono y muchas gracias..."

"Hola, Mary, soy Roby..."

"Qué alegría y qué sorpresa me das, Roby... ¿acabas de llegar?"

Ya nos comprendíamos en esa mezcla de idiomas que solíamos utilizar en ICQ....

"Sí, recién, y no sé qué hago aquí... Quería tan solo saludarte y escuchar tu voz..."

"Por favor, Roby, no te muevas del lugar del arribo de los pasajeros... iré a buscarte. En media hora estaré ahí... Pero, ¿cómo nos conoceremos? Cierto, por las fotografías."

"No, María, no te molestes, estoy de paso hacia Chile y sólo quería oírte..."

"Qué alegría, no irás a Chile sin antes haber venido a mi casa, haber charlado un rato, y luego decidiremos cuándo te irás..."

(Mi corazón saltaba como una gacela enloquecida... Roby, mi Roby está aquí... Finalmente nos conoceremos)... Es mi gran amigo de todas las tardes, en las que nos encontramos para conversar y contarnos nuestras cosas, creo que no tengo aquí un amigo más bueno y sincero que él. Me cambié zapatos y pantalones, una pasada de peine y salí disparada hacia el garaje a buscar el auto.

Desde Bs.As. a Ezeiza fui tarareando cualquier cosa, haciendo mil proyectos para que conociera mi ciudad, mis familiares, amigos, mis gatos, todo aquello de lo que habíamos hablado tantas veces...

Cuando quise acordarme, estaba ya en la playa de estacionamiento del aeropuerto. Corriendo como una loca entré al salón de los pasajeros... ¿quién me hubiera podido detener en ese momento?

Me detuve en la puerta y empecé a mirar a todos los que estaban sentados esperando, y me decía "Roby, Roby, dónde estás..."

De pronto lo vi, allá, apartado de todos y rodeado de sus valijas. Le hice señas con las manos, no me reconoció, "¿habré cambiado tanto desde la última vez que le mandé mi foto?" me pregunté... Fui acercándome, sonriéndole, para que se diera cuenta que era yo, su amiga, pero nada, no me reconocía... Se me empezaron a aflojar las piernas... "¿Y si lo desilusiono?"

Tengo una idea, le voy a pasar al lado lentamente y le voy a hacer una gran sonrisa, puede ser que se dé cuenta... Mientras decía todo esto, yo lo miraba, era tal cual el de las fotos, no había cambiado, sus cabellos peinados hacia un costado, rubio, piel morena, sus ojos... y ahí me acordé que no sabía de qué color eran, siempre con esos anteojos oscuros, para evitar el flash o la luz muy fuerte... Claro, deben ser bien celestes, y cada vez me arrimaba más a él, y nada...

De pronto, miré a su lado, tenía un perro... siempre le gustaron sus animales, y era su querido Doggy...

¡¡¡Doggy!!! Le dije, es capaz de reconocerme el perro y este Roby siempre un poco distraído no... Pero al mirar al perro vi la traílla que tenía, era un perro lazarillo... Roby era ciego... Nunca me conocería... Mi corazón se detuvo. Tuve un instante de duda y luego me lancé a su cuello, lo abracé con toda el alma y le dije mientras lo besaba "Querido Roby, bienvenido, qué alegría me has dado"...

Nos encaminamos lentamente hacia el coche, él no podía hablar, sus lágrimas le cubrían el rostro como a mí el mío.

"Te tengo que explicar" me dijo...

"Qué vas a explicar, no hace falta ninguna explicación, ¿que sos no vidente? Yo ya lo sabía."

"¿Qué?, ¿cómo lo sabías?"...

"Lo noté en las fotografías y en una foto que me mandaste con Doggy".

"¿De veras? ¿Y cómo no me dijiste nada?"

"¿Qué tendría que haberte dicho? ¿Acaso no puede pasar?"

"No quería que me vieras así, María, pero no tuve el coraje de pasar por aquí, y no oír al menos tu voz".

"Cambiemos de tema, queréis, esto no cambia nada, tenemos un huésped más, Doggy, nuestro querido perro"...

Pasaron los años... Muchos atardeceres, a la orilla del Támesis se ve caminar del brazo a una pareja ya no tan joven. Él con sus cabellos rubios y grises, ella también peinando canas, y más enamorados que nunca... Y si te acercaras a ellos oirías que ella le comenta: "Ahora se está poniendo el sol y unas gaviotas están volando hacia nuestras miguitas..."