El otro lado de mi aventura 09-07-2005


Todos decían que era más complicado despegar que tomar tierra. Porque hay personas que se arrepienten en el último momento, sobre todo si no tienen ninguna experiencia, como era mi caso. Que, al sentir que se dirigían al vacío, frenaban en seco, provocando el desequilibrio del parapente y el consiguiente arrastre y aparatosa caída.


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En ningún momento estuve nerviosa, al contrario; sabía y confiaba en que todo saldría bien. Y el despegue fue un éxito, lo conseguí a la primera. Corrí sin miedo, muy segura de lo que hacía, porque quería, deseaba volar. No le tenía miedo al vacío, porque sabía que el parapente me sujetaría.


Pero, ¡ay, Señor! Lo complicado fue aterrizar. Cuando vi que se acercaba estrepitosamente la tierra hacia mí, entonces sí tuve miedo, miedo de romperme algo. Perdí la seguridad que tenía en el aire, y todo se complicó cuando otro chico que tomaba tierra, lo hizo delante de mí, sin darse cuenta de mi presencia.


El contacto con el suelo fue terrible, el miedo a romperme las piernas me hizo echarlas hacia atrás, de manera que aterricé prácticamente en posición horizontal. Consecuencias: el labio superior roto por dentro, hinchado, y por fuera un rasguño, también en las manos y las rodillas tenía magulladuras. Los pantalones vaqueros, con un siete bastante grande. Mi temor, al sentir la sangre en la boca, era haberme roto varios dientes, pero no fue así, gracias a Dios. Dentro de lo malo de mi caída, salí muy bien parada.


Al cabo de un par de horas, las rodillas me dolían cada vez más, me costaba caminar. Fui a la clínica, segura de volver con la pierna escayolada, o peor aún, quedarme ingresada para que me operaran por la rotura del menisco. Pero mi sorpresa ha sido grande, no tengo nada de eso. El dolor es el propio de una contusión de esta índole, tengo que guardar reposo un par de días, con las piernas en alto.


Y así es como estoy ahora, llevo dos horas con las piernas levantadas. Por favor, que nadie se ría. Este ha sido el precio de mi aventura...


... Pero ha valido la pena.